viernes, 7 de junio de 2013

TÚ




Tus rubios cabellos
como cadenas de oro
que junto a tus ojos
embelesan mi corazón.

Tus gráciles caderas
tienen un ritmo especial
que hipnotizan mis ojos.

Tu sonrisa siempre alegre
me ayuda a escapar de la oscuridad
de esta cruel sociedad
llena de mentiras y engaños.
Gracias a ti, esa oscuridad desaparece,
la crueldad se transforma en bondad
y las mentiras en dulces palabras.

Tu dulce figura
con forma celestial
me hace sentir cual niño pequeño
en los brazos de su madre.
Pensar en ti me ayuda
a superar cualquier adversidad.

Tus rojizas mejillas
junto a tu pálida tez
crean la armonía perfecta para tu ser.

Nos imagino juntos
en un lugar apartado
donde me puedas dar una cosa:
un beso de tu dulce boca.


Jesús Peña Ortega
3ºA

SALVEMOS LA NAVIDAD

¡Y por fin había llegado el 24 de diciembre por la mañana! Era un día muy navideño en la ciudad de Boston. Holie corría hacia el parque, ya que había quedado con sus amigas Ibi y Emy y, cuando por fin llegó, las vio muy enfadadas.
-- Siento el retraso -dijo Holie sofocada.
-- Si siempre llegas tarde -murmuró Emy por lo bajo.
-- Bueno, ¿vamos a ver la ciudad? -preguntó Ibi. Las demás asintieron. Fueron al centro a ver tiendas, escaparates, luces y demás cosas.
De repente escucharon unos niños cantar:
--¡Busquemos a Santa Claus!, ¡busquemos a Santa Claus! -decían un grupo de chicos con jaulas y una niña con redes en la mano. Pudieron deducir que tendrían unos cinco años. De repente Holie los paró.
-- ¡Alto! -gritó.
-- ¿Hermana? -dijo aquella niña.
-- Moly, ¿qué estás haciendo? -preguntó Holie.
-- Por si no te has dado cuenta, buscamos a Santa Claus mis amigos y yo; este año lo conseguiremos -dijo Moly.
-- ¿Eh? ¡Increíble que aún creáis en esas tonterías; sois unos críos -dijo Holie.
-- Verás, cuando descubramos a Santa Claus le diré que no te traiga ningún regalo -dijo Moly, y salió corriendo con sus amigos cantando.
-- Holie, no deberías decirle eso a Moly - le dijo Emy.
-- Sí, no le quites la ilusión -dijo Ibi.
-- Pero ¿de qué parte están? - pregunto Holie desanimada.
                                                                          *  *   *
Estuvieron toda la tarde mirando escaparates y, cuando llegó la hora de cerrar todas las tiendas, Holie y sus amigas se dirigieron a sus casa. Por el camino se cruzaron con un hombre muy viejo  que llevaba mucha ropa y dio la casualidad de que se le cayó una libreta roja. La cogieron y Holie leyó:
-- ¿Regalos? 
Todas se quedaron extrañadas e Ibi le preguntó al anciano:
-- Disculpe, ¿esto es suyo?
- El hombre lo miró y contestó:
-- ¿Eh? Sí. Muchas gracias, niña -dijo el anciano.  Y cuando la cogió, perdió el equilibrio y comenzó a toser. Todas le ayudaron a levantarse
-- ¡Qué pena que se ponga enfermo en Navidad! -dijo Emy.
-- Me parece que este año no podré entregar los regalos a todos esos niños -dijo aquel hombre.
-- ¿¡Qué!? -gritaron.
-- Niñas, necesito vuestra ayuda. ¡Tienen que salvar la Navidad!-les dijo ese hombre.
-- ¿Salvar la Navidad?  -preguntó Ibi.
-- Pero ¿quién es usted? -preguntó Holie.
-- Chicas, soy Santa Claus y estoy muy enfermo -dijo tosiendo.
-- ¡¡¡¡¡SANTA CLAUS!!!!!! -gritaron las niñas.
-- Necesito que este año lleven los regalos a todos esos niños -dijo Santa Claus.
-- Pero... - se quejó Ibi.  Santa Claus le cortó y dijo:
-- Vayan a cenar con sus familias y no digan nada de esto. Cuando terminen, les espero aquí -les dijo Santa.
-- Claro - contestaron firmemente. 
Las chicas regresaron a sus casas para cenar. Holie llegó y cenó con su familia, pero Moly estaba triste y tenía cara de preocupada. Entoncés, Holie llamó a su hermana y subieron a su cuarto. Allí le contó todo lo ocurrido sobre Santa.
-- ¿¿¡¡Cómo!!?? ¿¿¡¡Conociste a Santa Claus!!?? -se extrañó Moly.
-- Así es. Y eso no es todo: esta noche le ayudaremos a repartir todos los regalos -dijo Holie. Su hermana se tiró hacia ella y comenzó a decirle:
-- Hermanita, déjame ir contigo,¡¡porfa!!, ¡¡porfa!! - gritaba Moly.
-- ¡Y tú crees que esa es la mejor forma de pedírmelo! -gritó su hermana enfadada.
-- Por favor, Holie. Yo quería ver este año a Santa Claus para decirle algo muy importante -le confesó Moly algo triste.
-- Está bien, pero te tendrás que quedar despierta toda la noche -le dijo Holie.
-- ¡Sí! -gritó de alegría Moly.
   *    *    *
   Pero a las 23:00 h de la noche Moly roncaba.
-- Moly...-dijo Holie. 
Y como no despertaba se fue a donde le dijo Santa Claus. Cuando llegó, se encontró con Ibi, Emy y Santa, pero éste ya no llevaba un abrigo sino un traje rojo.
-- Muy bien, mis aprendices; así ireis mejor. -Y sacando de su bolsillo una campana, la agitó y les puso unos trajes iguales al de Santa Claus.
-- ¡AHHH!,¡increíble! -gritó Emy.
-- ¡Es magia!! -gritó Ibi.
-- Bien, y ahora... -volvió a tocar la campana y apareció un trineo con renos. Todas estaban muy alucinadas.
-- Bien, ahora subid. Vamos a por los regalos -aclaró Santa.
-- ¿A por los regalos? -repitió Holie.
-- Sí, a la ciudad de los Santa Claus -dijo subiendo al trineo. Después se subieron las demás y el trineo comenzó a volar. 
Empezó a surcar el oscuro cielo y las nubes, hasta que llegó a una gigantesca nube donde se encontraba un enorme árbol en ella. Era la ciudad de los Santa Claus. Bajaron del trineo y pasaron dentro del árbol. Su interior era como el de una ciudad. Al entrar, se encontraron con millones de Santa Claus ayudantes.
--Bien, aquí están los juguetes, Holie -le dijo Santa-. Tú los empaquetarás -añadió.
-- Sí -contestó Holie seriamente.
-- Ibi, tú se los pasarás a Emy para que ella los meta en los sacos -le ordenó. 
Y todas se pusieron a trabajar. Cuando acabaron, estaban muy cansadas y Santa les dijo:
-- Por favor, ahora id a entregar cada regalo a un niño -les pidió Santa.
-- Está bien -contestaron, y se dividieron todas. Después de muchas horas repartiendo regalos, a Holie le quedaba sólo uno.
-- Ésta es la última casa -dijo-. Sí, es la mía. Este regalo es el de Moly.
Se extrañó entrando en la habitación de su hermana. Moly roncaba como un oso.
-- Santa... -murmuraba Moly entre sueños. Holie miró a su hermana fijamente y sintió pena por ella. En ese momento Santa, Emy e Ibi aparecieron por la ventana en el trineo.
-- Vámonos ya, Holie -le dijo Ibi.
-- Bueno..., Santa, ¿podría ver usted a mi hermana Moly? -le preguntó Holie.
-¿Eh?. Es que no me dejan tener contacto con los niños pequeños - dijo Santa preocupado.
-- Por favor, se lo ruego, Santa Claus. Moly tenía muchas ganas de verle. Si hace falta, sacrificaré mi regalo de Navidad -dijo Holie muy segura.
-- Nosotras también haremos lo mismo -dijo Emy.
-- Sí -contestó Ibi.
-- Queridas niñas..., veré qué puedo hacer - concluyó. Y sacando su campana y agitándola, desapareció.
Mientrás,  Moly soñaba que buscaba a Santa Claus cantando:
-- ¡Busquemos a Santa Claus! ¡Busquemos a Santa Claus! 
En ese momento apareció Santa enfrente de ella.
-- ¡Es Santa Claus! -gritó Moly.
-- Hola, pequeña. ¿Has sido buena este año? -le preguntó Santa. Moly corrió hacia él y lo abrazó.
-HOW, HOW, HOW- se rio.
-- Santa, tenía tantas ganas de verte... Necesitaba decirte algo muy importante -aclaró Moly contenta.
-- ¿Y qué es? -preguntó Santa.
-- ¡MUCHAS GRACIAS POR TODOS LOS REGALOS DE CADA AÑO! -gritó Moly contenta.
-- De nada, pequeña -le contestó. Ella lo volvió a abrazar.
                                                  *    *    *
Santa apareció de nuevo y les dijo:
-- Ya hice lo que me pidieron -les contestó Santa contento. Ellas sonrieron.
-- Tomad, son vuestros regalos -dijo Santa-. Es un agradecimiento.
-- Muchas gracias -dijeron. En ese momento comenzó a nevar.
-- ¡Mirad, está nevando! -dijo Emy.
-- Éstas serán las mejores Navidades -aclaró Ibi.
-- Sí, tendremos unas blancas Navidades -dijo Holie.

Laura de la Batisda Casero
3ºA

lunes, 10 de diciembre de 2012

ÉL...



Ahí lo vi, sentado o más bien tumbado en la cama, con la mirada agonizante, pensando que la vida termina su trascurso en este fin tan frívolo.
 
Miraba repetidamente cómo pasaba más rápido que el tiempo las cuatro vidas. La que más temía era la vida fría y blanca; aquélla que siempre aparecía al final de cada trescientos sesenta y cinco días.
 
Contemplaba la soledad que anidaba en aquella habitación y cómo añoraba poder irse de allí.
 
La tristeza inundaba sus recuerdos. Sus ojos parecían un mar de llantos. Su cuerpo inerte yacía casi sin vida del desánimo que trasmitía.
 
Pasaban ya más de dos vidas y, recitando sus versos diarios, con el último aliento dijo adiós a su vida triste, para empezar una nueva donde no tendría dolor alguno, ni tristezas, ni llantos; y donde podría recorrer el mundo sin riesgo alguno.

MARÍA BELINCHÓN
3ºB

lunes, 3 de septiembre de 2012

UN CUMPLEAÑOS MUY ESPECIAL


Al fin llegó la semana, la gran semana en la que nuestra tele, la tele del colegio, cumplía cuatro años. Esa semana era especial porque sabíamos que era el último año de nuestra televisión, TVI, Televisión Internacional.
 
Era el 15 de octubre de 2008. Yo cursaba entonces 6º de Primaria. Nos encontrábamos a una hora del recreo. El recreo era el momento más especial del día. Era cuando cogíamos nuestra cámara y micrófonos y empezábamos a grabar.  Estábamos en clase de Lengua, cuando la profesora salió de la clases por algún motivo. Entonces, un compañero de clase, al que prefiero no nombrar, cogió sin permiso un micrófono de la mochila donde guardábamos nuestro equipo de televisión  y se puso a cantar encima de la mesa. En ese momento entró la profesora y lo vió. Y como siempre pagan justos por pecadores, nos castigó a toda la clase sin recreo. Nos sentimos muy furiosos... ¡Un día tan especial! ¡El cuarto cumpleaños de nuestra televisión quedaba suspendido! Pero no dimos por perdido ese día tan especial y decidimos celebrarlo al día siguiente.
 
Llegó de nuevo el día esperado. Ese día, sí. Nada nos lo iba a impedir. Era nuestro día, el de los cuatro años. Bajamos al recreo y, como era costumbre, corrimos hacia el primer banco del patio, el cual ocupábamos desde nuestros inicios en 2004. Empezamos a preparar las cosas y a comernos nuestros bocadillos.
 
Llegó el momento de emperzar a dar las noticias. Mi compañera, María Manzano, empezó a darlas como de costumbre y se detuvo en una de las noticias: Hoy cumplimos cuatro años. En ese momento todos empezamos a celebrarlo. Llegó el turno de deportes, presentados por Elena Bricio. Como siempre, hubo polémica con el Barça y el Madrid. Después de los deportes, llegó el turno del tiempo. Salí a dar la previsión meteorológica con un día de retraso, ya que decidimo aprovechar los datos del día anterior. Tras dar la previsión de las islas Canarias, pasamos a publicidad.
 
Seguidamente, llegaba Patio Directo, nuestro programa favorito. En él hicimos entrega de varios premios a compañeros de la cadena y, más tarde, entrevistamos a los profesores. Todos nos atendieron como siempre, menos aquella profesora que siempre era tan antipática con nosotros.
 
Seguimos en el programa dando vueltas al patio, cantando varias canciones hasta que Pedro nos interrumpió con el inconfundible sonido de su silbato con el que indicaba el fin del recreo. Recogimos nuestros bártulos y subimos al aula.
 
Al día siguiente, 17 de octubre de 2008, seguíamos con ganas de fiesta, por lo que decidimos prolongar el cumpleaños un día más. Tras las noticias, decidimos hacer uno de los programas más divertidos, Imitaciones.
 
Imitábamos a personajes famosos. Tocaba el turno de Isabel Pantoja que, interpretada por nuestra compañera Ainhoa, venía a celebrar nuestro cumpleaños. María decidió preguntarle por su marido, Julián Muñoz, y aquélla se levantó del banco enfadada y gritando: "No me vas a grabar más". Había llegado el mejor momento del programa: perseguir a la Pantoja por el patio durante un buen rato, hasta que llegó la hora de Patio Directo.
 
Dentro de este programa, hay varias secciones. Ese día tocaba El Quejómetro. En ella nos quejamos de los desperfectos que había en el colegio. Habíamos visto que uno de los vasos del aire acondicionado del salón de actos estaba colgando, a punto de caerse. Lo grabamos y se los comunicamos a los profesores (fue eficaz la queja, ya que al lunes siguiente estaba arreglado).
 
Llegó el final de Patio Directo. Era el momento de Territorio Champions, un programa donde comentábamos el partido de fútbol de nuestros compañeros de clase. No nos dio tiempo a mucho más, pues pocos minutos después terminaba el recreo, quedando el resultado del partido en 3-4.
 
Nos resistíamos a terminar esa semana tan especial y, a la vez, tan corta. Para no acabar tan rápido, decidimos subir hasta la clase en directo. Una idea que creo que fue mala, ya que, con la avalancha de gente, no nos podíamos ni mover. Llegamos a la puerta de clase y, en ese momento, terminamos el programa de ese día y, con él, el cuarto cuampleaños de nuestra televisión.
 
Esta es una historia completamente real, extraída de un mini-diario que decidió escribir cuando estaba en sexto, aunque sólo llegué a escribir dos semanas. Lo dejé. Algo de lo que ahora me arrepiento.


Jorge Martínez López
3º ESO
 

sábado, 16 de junio de 2012

UN PALACIO EN LLAMAS


El arte ardía junto a la cultura. Las historias crepitaban, ya fueran romances o tragedias. Se desvanecían los recuerdos y el amor a lo imposible, a lo inalcanzable, a algo tan transparente y a la vez tan visible.

La biblioteca en llamas; el hogar de todo soñador sin fuerza ni valor para sostener una espada, pero toda una mente y, sobre todo, todo un corazón para sostener un libro.

Me resguardé de aquella bocanada tras la estantería de poemas, en el segundo piso de aquel prodigioso edificio. Contemplé con temor y, a la vez, con melancolía, cómo se esfumaba todo el talento que había ocupado mi vida, toda inspiración , todo compañero de noches frías y solitarias. Adiós a Sakespeare y a su sueño soñado Una noche de verano; adiós a Stepheh King y a su Cúpula.

El fuego no cesaba de acuchillar cada una de las páginas de aquellas obras como si tan sólo fueran papel y tinta; como si sólo se tratasen de cuerpos sin vida, sin sentimientos, sin finalidad.

La historia de un mundo moría ante mis ojos y yo tan sólo disponía de mi amor a la literatura, a cada defensor de sus ideas, a cada intrépido caballero y a cada valerosa dama que luchaba por mantener vivo algo tan insustituible como es el arte.

Acaricié por última vez el libro que oprimía entre mis brazos; lo acaricié con pasión pero con delicadeza, entregando mi existencia a todas sus páginas. Era un libro de poemas, mi favorito, de escritora anónima, pero francesa. Algo siempre me dijo que su escritora era una parisina poco usual, dolida, de esas que, mientras caminan, el viento agita su melena dorada; de las que encuentran la inspiración tomando un té bajo la Torre Eiffel, solitaria, de esas que observan a las parejas de enamorados y no se dan por vencidas.

Una lágrima de impotencia resbaló por mi mejilla, llevándose a su paso mi rímel negro, ahogando mis pestañas en gritos y en llanto, en mil y una pesadillas.

Mi corazón se desvaneció con el humo; mi vida exhaló un suspiro de valentía, y mi amor a lo imposible, a lo inalcanzable, perduró para siempre sobre el suelo de aquel palacio de novelistas frustrados, olvidados por una inconsciente sociedad.

Beatrice González
3º ESO

miércoles, 13 de junio de 2012

SIEMPRE VAN A ESTAR CONMIGO


Muchas veces piensas que las personas que verdaderamente te quieren y que estarán siempre contigo van a ser tus amigos. Eso no es del todo cierto, porque hay muchos tipos de personas. De quienes realmente puedes confiar, quienes van a querer siempre lo mejor para ti, son tus padres, lo veas o no lo veas así.

Aquellos en los que ahora mismo no confiamos mucho porque tememos que nos regañen o cualquier cosa así. Todo lo hacen por nuestro bien. Quieren que en nuestra vida todo vaya perfecto. Ellos son los que notan si algo te incomoda o si estás preocupada por algo; los que intentan que seamos felices día a día; los que se preocupan por nuestro futuro, nuestros verdadero amigos, aunque pensemos que los amigos los elige uno mismo y a los padres no.

Ellos llevan razón. Hay amistades que no te convienen porque no te van a llevar a nada bueno. Es mejor hacerles caso. Siempre están dándote charlas o regañándote para que desarrolles algo. A veces pensamos que no nos entienden, que nosotros también queremos ser felices. Pero hay que entender que en la vida hay tiempo para todo. Que no hemos vivido ni una parte de ella y ya queremos empezar otra.

Los padres son las personas que nunca te van a decir que no cuando necesites algo, cuando haya algún problema con algo. Ahí estarán ellos intentado sacarte de ahí como sea, intentando sacarte una sonrisa y queriendo hacerte olvidar todo lo que te preocupa y por lo que sufres.

Ahora fíjate: gente sin familia. Ellos darían todo por tener a una madre o a un padre que los cuidara y que en algún momento les hubieran dicho 'no hagas esto o lo otro', para no verse en un mundo del que ya no pueden salir; que no sonríen por ellos mismos; a los que el fracaso les inunda; que, anden lo que anden, ya no tienen nada que resolver. Personas que pueden haber valido mucho y que han llegado a eso porque nadie se ha responsabilizado de ellas, y ellas no han sabido decir que no a nada. Viven como pueden y tan enganchadas a la droga que prefieren eso antes que un trozo de pan.

Anónimo
3º ESO

martes, 5 de junio de 2012


CONFUSIÓN


Comienzo de mi vida... Con 16 años y no sé qué hacer... Estoy confusa.

No sé qué será de mí en una vida próspera, en el futuro. Siento las ganas de poder irme, escaparme, ser libre de estos pensamientos que, la mayoría de las veces, me atormentan.

Me siento agobiada por estas situaciones en las que veo que no puedo hacer nada, y me cabrea.

Sé que valgo, pero hay algo que me lo impide y, por más que busco e intento encontrar qué es, no lo consigo.

No sé si es debido a mis amistades; si es debido a mí... ¡No lo sé! El caso es que no lo consigo averiguar.

Personas que me dicen: "Tú puedes". Personas que me dicen: "Tú vales". Personas que ya han perdido la confianza en mí y me dan por perdida.

Mi problema es que no sé todavía qué es lo que hago mal y qué es lo que hago bien. No sé qué voy a hacer ni lo que estoy haciendo; pero sé que tanta confusión no es buena, que necesito aclarar esos pequeños nubarrones que se están formando en mi cabeza y no me puedo deshacer de ellos por más que quiero... O puede que no lo haya pensado a fondo... O puede que sea yo la que falla en todo...

¿El motivo? Se desconoce...


María Belinchón Fernández
3º ESO