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sábado, 15 de junio de 2013

ASÍ ES NUESTRO JARDÍN


I.- Sí, Mario

Mario es un chico aparentemente normal, de ciudad, estudioso, familiar... Podríamos pasar horas describiéndolo con buenas cualidades; pero falta una: relacionarse.

Mario no es capaz de ir a un campamento o excursión, por poner un ejemplo, porque le aterroriza el hecho de tener que hablar con desconocidos. Creo que es el típico chaval que le puedes describir como majo, pero se queda ahí; no pasas a decirle: Oye, ¿quedamos?

Cuando vino la primera vez a mi consulta, pensé que todo esto tenía como causa la adolescencia, los chicos, el no aceptarse tal y como es. Pero cuando estás hablando con él un rato, te encuentras con un chico educado y con personalidad, con el que puedes hablar prácticamente de todo. No me imaginaba que pudiera ser así, hablando con una persona mayor. El problema aparece cuando se encuentra ante un chaval de su edad.

¿Cómo será Mario en su entorno? ¿Realmente no tiene amigos como él dice? Lo voy a descubrir. Tengo un plan.


II.- Ejército de Inteligencia

El último día de clase es uno de los pocos días en el que el 100% de los alumnos no hace absolutamente nada. Justo el momento ideal para poder cazarlo y ver cómo se mueve.

El día anterior voy a la tienda para adquirir mi propio material de espía, como un auténtico profesional. Al terminar, me dirijo a casa y es cuando me doy cuenta de que me parezco a un soldado del Ejército de Inteligencia; he comprado tres cámaras, guantes, ropa oscura de camuflaje, unas buenas botas y un pasamontañas para ocultar mi cara.

-- ¡Vale, Dani, -me dije a mí mismo-. Amas tu trabajo; por eso eres el mejor psicólogo de Madrid.

No paro de repetírmelo una y otra vez.

Una vez en el colegio, el problemas más destacado es desactivar la alarma. Suerte que la ventana del cuarto de las limpiadoras estaba abierta y pude entrar sin problemas. Me costó bastante encontrar la habitación donde están los dispositivos de alarma. Sólo en eso tardé casi una hora y media, porque tenía que estar cerca del suelo para que los detectores no me notasen.

Desde la habitación llamé a Rodrigo, mi amigo informático, y le mandé una foto de la carcasa de la alarma, con el número de fabricación. En apenas diez minutos, me llega un mensaje con el código de desactivación. Y, sin dudarlo, lo introduzco.

-- ¡Hay que ver, Rodrigo! ¡Eres un máquina! -dije yo mismo en voz alta.

Ahora, mi siguiente paso es poner las tres cámaras. Puse una en el pasillo y dos en la clase de Mario. Simplemente, para tener más ángulo. A los pocos segundos de instalarlas, salgo como una liebre de allí.


III.- Hormonados libres

Al llegar a casa, lo primero que hago es tirar la ropa para evitar sospechas. Después llamo a Rodrigo para darle las gracias por lo del código de la alarma.

Por la noche, estoy en el sillón pensando en Mario. Es un chaval que me preocupa mucho, porque veo en él como una barrera que  no me deja entrar en él y, además, me estoy involucrando mucho en su caso. Mejor me voy a dormir. Estoy muy cansado.

Hoy es el último día de clase para todos los adolescentes hormonados de España. Mientras ellos están de fiesta, incluso con ganas  de ir a clase, yo estoy en la consulta mordiéndome las uñas por los nervios.

A las 8,30 h, los pasillos del colegio se inundan de pavas y pavos, y en diez escasos minutos la clase de Mario ya está completa.

Aparentemente, no hay nada extraño. Al parecer, la profesora les está explicando algo sobre las células. Será la profesora de Biología. Pero, de repente, Mario se levanta mientras la profesora está escribiendo un esquema en la pizarra y le coloca en su silla algo que no soy capaz de ver bien. Tras posicionarlo en la silla, vuelve rápido a su pupitre y, al poco tiempo, la profesora se sienta. Imediatamente ella da un destacado salto, con unos gritos y un gesto agudo de dolor.

-- ¿Qué pasa? -me pregunté.

¡Mi Mario le acaba de poner una chincheta a la profesora. Ésta lo ha mandado al pasillo y él se le acaba de encarar.


IV.- Los espejos nos son reales

No entiendo nada de lo que está pasando. Me he involucrado y preocupado por Mario y ahora me encuentro con todo esto.

A las 11,30 h, decido ir al colegio para que me den explicaciones de este comportamiento de mi paciente Mario. La profesora de Biología y la tutora me comentan que Mario siempre ha sido así. 

-- Él nunca aprueba, digamos..., casi ninguna; por no decir claramente que ninguna. Pero aquí está, en 4º de la ESO -me comenta la profesora en un tono de 'es el pan de cada día'.

También me comenta que el padre de Mario es un importante ministro, y que utiliza su  estatus contra el colegio. No le pueden enviar ni una sola carta sobre la mala conducta de su hijo porque amenaza con empapelar al colegio.

Yo estoy en blanco. Sus padres me traen al chaval para ayudarle a relacionarse y resulta que su hijo es el que tiene aterrorizados a sus compañeros.

Está claro que quien tiene el poder es el que lleva los controles del barco. Pero eso va a cambiar.


DANIEL DE LA PLAZA CARRALERO
3º B


lunes, 10 de junio de 2013

EL ASESINATO


Voy a escribir sobre ese hombre del tercero que no ves nunca y no lo conoces; que parece un trabajador como otro cualquiera; pero puede ser ese que mira a través de la ventana...; ese que cree en cosas inexistentes y que te observa cada vez que pasas. El psicópata en sí.

Pero la cuestión es que alguien pasa del bien al mal, de la cordura a la locura. ¿En qué momento de nuestra vida decidimos a dónde  vamos? Si miramos atrás, veremos cosas que en su día nos parecieron extrañas. La pregunta es: ¿En este mundo en el que todo cambia, el hombre evolucionará y llegará la tan esperada paz; o el hombre seguirá como siempre asesinando?

En cualquier momento de nuestra vida podemos hacer las mayores atrocidades aunque no lo creamos: ese profesor, aquel médico, esa madre con tres hijos, o tú mismo. Al fin y al cabo, la sociedad es la que reprime.

Evolucionamos; pero tal vez hacia un mañana de amarguras y problemas sociales. Nuestra obligación es hacer todo lo posible para evitarlo o estamos perdidos.
Guillermo Candel Pérez
3º B

viernes, 7 de junio de 2013

ORGULLO


Orgullo. Esa palabra me da escalofrío sólo con oírla.

La sensación que produce cuando penetra en las emociones... Aparta a un lado la humildad, la sinceridad, la sencillez...

Hace que le perdamos el miedo, presentándose en nuestra mente, en nuestro rencor, en nuestra furia y, donde más, en nuestra relación.

Relación amistosa; orgullo de enfadarse a veces hasta contigo mismo porque no sabes qué hacer.

Relación sentimental; enfadarse mutuamente, y muchas de las veces el orgullo es quien sigue con la batalla derrotando el afecto hacia esa persona.

¿Hasta qué punto puede ocupar tanto en nuestra mente ese sentimiento? 
María Belinchón
3ºB

SALVEMOS LA NAVIDAD

¡Y por fin había llegado el 24 de diciembre por la mañana! Era un día muy navideño en la ciudad de Boston. Holie corría hacia el parque, ya que había quedado con sus amigas Ibi y Emy y, cuando por fin llegó, las vio muy enfadadas.
-- Siento el retraso -dijo Holie sofocada.
-- Si siempre llegas tarde -murmuró Emy por lo bajo.
-- Bueno, ¿vamos a ver la ciudad? -preguntó Ibi. Las demás asintieron. Fueron al centro a ver tiendas, escaparates, luces y demás cosas.
De repente escucharon unos niños cantar:
--¡Busquemos a Santa Claus!, ¡busquemos a Santa Claus! -decían un grupo de chicos con jaulas y una niña con redes en la mano. Pudieron deducir que tendrían unos cinco años. De repente Holie los paró.
-- ¡Alto! -gritó.
-- ¿Hermana? -dijo aquella niña.
-- Moly, ¿qué estás haciendo? -preguntó Holie.
-- Por si no te has dado cuenta, buscamos a Santa Claus mis amigos y yo; este año lo conseguiremos -dijo Moly.
-- ¿Eh? ¡Increíble que aún creáis en esas tonterías; sois unos críos -dijo Holie.
-- Verás, cuando descubramos a Santa Claus le diré que no te traiga ningún regalo -dijo Moly, y salió corriendo con sus amigos cantando.
-- Holie, no deberías decirle eso a Moly - le dijo Emy.
-- Sí, no le quites la ilusión -dijo Ibi.
-- Pero ¿de qué parte están? - pregunto Holie desanimada.
                                                                          *  *   *
Estuvieron toda la tarde mirando escaparates y, cuando llegó la hora de cerrar todas las tiendas, Holie y sus amigas se dirigieron a sus casa. Por el camino se cruzaron con un hombre muy viejo  que llevaba mucha ropa y dio la casualidad de que se le cayó una libreta roja. La cogieron y Holie leyó:
-- ¿Regalos? 
Todas se quedaron extrañadas e Ibi le preguntó al anciano:
-- Disculpe, ¿esto es suyo?
- El hombre lo miró y contestó:
-- ¿Eh? Sí. Muchas gracias, niña -dijo el anciano.  Y cuando la cogió, perdió el equilibrio y comenzó a toser. Todas le ayudaron a levantarse
-- ¡Qué pena que se ponga enfermo en Navidad! -dijo Emy.
-- Me parece que este año no podré entregar los regalos a todos esos niños -dijo aquel hombre.
-- ¿¡Qué!? -gritaron.
-- Niñas, necesito vuestra ayuda. ¡Tienen que salvar la Navidad!-les dijo ese hombre.
-- ¿Salvar la Navidad?  -preguntó Ibi.
-- Pero ¿quién es usted? -preguntó Holie.
-- Chicas, soy Santa Claus y estoy muy enfermo -dijo tosiendo.
-- ¡¡¡¡¡SANTA CLAUS!!!!!! -gritaron las niñas.
-- Necesito que este año lleven los regalos a todos esos niños -dijo Santa Claus.
-- Pero... - se quejó Ibi.  Santa Claus le cortó y dijo:
-- Vayan a cenar con sus familias y no digan nada de esto. Cuando terminen, les espero aquí -les dijo Santa.
-- Claro - contestaron firmemente. 
Las chicas regresaron a sus casas para cenar. Holie llegó y cenó con su familia, pero Moly estaba triste y tenía cara de preocupada. Entoncés, Holie llamó a su hermana y subieron a su cuarto. Allí le contó todo lo ocurrido sobre Santa.
-- ¿¿¡¡Cómo!!?? ¿¿¡¡Conociste a Santa Claus!!?? -se extrañó Moly.
-- Así es. Y eso no es todo: esta noche le ayudaremos a repartir todos los regalos -dijo Holie. Su hermana se tiró hacia ella y comenzó a decirle:
-- Hermanita, déjame ir contigo,¡¡porfa!!, ¡¡porfa!! - gritaba Moly.
-- ¡Y tú crees que esa es la mejor forma de pedírmelo! -gritó su hermana enfadada.
-- Por favor, Holie. Yo quería ver este año a Santa Claus para decirle algo muy importante -le confesó Moly algo triste.
-- Está bien, pero te tendrás que quedar despierta toda la noche -le dijo Holie.
-- ¡Sí! -gritó de alegría Moly.
   *    *    *
   Pero a las 23:00 h de la noche Moly roncaba.
-- Moly...-dijo Holie. 
Y como no despertaba se fue a donde le dijo Santa Claus. Cuando llegó, se encontró con Ibi, Emy y Santa, pero éste ya no llevaba un abrigo sino un traje rojo.
-- Muy bien, mis aprendices; así ireis mejor. -Y sacando de su bolsillo una campana, la agitó y les puso unos trajes iguales al de Santa Claus.
-- ¡AHHH!,¡increíble! -gritó Emy.
-- ¡Es magia!! -gritó Ibi.
-- Bien, y ahora... -volvió a tocar la campana y apareció un trineo con renos. Todas estaban muy alucinadas.
-- Bien, ahora subid. Vamos a por los regalos -aclaró Santa.
-- ¿A por los regalos? -repitió Holie.
-- Sí, a la ciudad de los Santa Claus -dijo subiendo al trineo. Después se subieron las demás y el trineo comenzó a volar. 
Empezó a surcar el oscuro cielo y las nubes, hasta que llegó a una gigantesca nube donde se encontraba un enorme árbol en ella. Era la ciudad de los Santa Claus. Bajaron del trineo y pasaron dentro del árbol. Su interior era como el de una ciudad. Al entrar, se encontraron con millones de Santa Claus ayudantes.
--Bien, aquí están los juguetes, Holie -le dijo Santa-. Tú los empaquetarás -añadió.
-- Sí -contestó Holie seriamente.
-- Ibi, tú se los pasarás a Emy para que ella los meta en los sacos -le ordenó. 
Y todas se pusieron a trabajar. Cuando acabaron, estaban muy cansadas y Santa les dijo:
-- Por favor, ahora id a entregar cada regalo a un niño -les pidió Santa.
-- Está bien -contestaron, y se dividieron todas. Después de muchas horas repartiendo regalos, a Holie le quedaba sólo uno.
-- Ésta es la última casa -dijo-. Sí, es la mía. Este regalo es el de Moly.
Se extrañó entrando en la habitación de su hermana. Moly roncaba como un oso.
-- Santa... -murmuraba Moly entre sueños. Holie miró a su hermana fijamente y sintió pena por ella. En ese momento Santa, Emy e Ibi aparecieron por la ventana en el trineo.
-- Vámonos ya, Holie -le dijo Ibi.
-- Bueno..., Santa, ¿podría ver usted a mi hermana Moly? -le preguntó Holie.
-¿Eh?. Es que no me dejan tener contacto con los niños pequeños - dijo Santa preocupado.
-- Por favor, se lo ruego, Santa Claus. Moly tenía muchas ganas de verle. Si hace falta, sacrificaré mi regalo de Navidad -dijo Holie muy segura.
-- Nosotras también haremos lo mismo -dijo Emy.
-- Sí -contestó Ibi.
-- Queridas niñas..., veré qué puedo hacer - concluyó. Y sacando su campana y agitándola, desapareció.
Mientrás,  Moly soñaba que buscaba a Santa Claus cantando:
-- ¡Busquemos a Santa Claus! ¡Busquemos a Santa Claus! 
En ese momento apareció Santa enfrente de ella.
-- ¡Es Santa Claus! -gritó Moly.
-- Hola, pequeña. ¿Has sido buena este año? -le preguntó Santa. Moly corrió hacia él y lo abrazó.
-HOW, HOW, HOW- se rio.
-- Santa, tenía tantas ganas de verte... Necesitaba decirte algo muy importante -aclaró Moly contenta.
-- ¿Y qué es? -preguntó Santa.
-- ¡MUCHAS GRACIAS POR TODOS LOS REGALOS DE CADA AÑO! -gritó Moly contenta.
-- De nada, pequeña -le contestó. Ella lo volvió a abrazar.
                                                  *    *    *
Santa apareció de nuevo y les dijo:
-- Ya hice lo que me pidieron -les contestó Santa contento. Ellas sonrieron.
-- Tomad, son vuestros regalos -dijo Santa-. Es un agradecimiento.
-- Muchas gracias -dijeron. En ese momento comenzó a nevar.
-- ¡Mirad, está nevando! -dijo Emy.
-- Éstas serán las mejores Navidades -aclaró Ibi.
-- Sí, tendremos unas blancas Navidades -dijo Holie.

Laura de la Batisda Casero
3ºA

lunes, 10 de diciembre de 2012

ÉL...



Ahí lo vi, sentado o más bien tumbado en la cama, con la mirada agonizante, pensando que la vida termina su trascurso en este fin tan frívolo.
 
Miraba repetidamente cómo pasaba más rápido que el tiempo las cuatro vidas. La que más temía era la vida fría y blanca; aquélla que siempre aparecía al final de cada trescientos sesenta y cinco días.
 
Contemplaba la soledad que anidaba en aquella habitación y cómo añoraba poder irse de allí.
 
La tristeza inundaba sus recuerdos. Sus ojos parecían un mar de llantos. Su cuerpo inerte yacía casi sin vida del desánimo que trasmitía.
 
Pasaban ya más de dos vidas y, recitando sus versos diarios, con el último aliento dijo adiós a su vida triste, para empezar una nueva donde no tendría dolor alguno, ni tristezas, ni llantos; y donde podría recorrer el mundo sin riesgo alguno.

MARÍA BELINCHÓN
3ºB

lunes, 3 de septiembre de 2012

UN CUMPLEAÑOS MUY ESPECIAL


Al fin llegó la semana, la gran semana en la que nuestra tele, la tele del colegio, cumplía cuatro años. Esa semana era especial porque sabíamos que era el último año de nuestra televisión, TVI, Televisión Internacional.
 
Era el 15 de octubre de 2008. Yo cursaba entonces 6º de Primaria. Nos encontrábamos a una hora del recreo. El recreo era el momento más especial del día. Era cuando cogíamos nuestra cámara y micrófonos y empezábamos a grabar.  Estábamos en clase de Lengua, cuando la profesora salió de la clases por algún motivo. Entonces, un compañero de clase, al que prefiero no nombrar, cogió sin permiso un micrófono de la mochila donde guardábamos nuestro equipo de televisión  y se puso a cantar encima de la mesa. En ese momento entró la profesora y lo vió. Y como siempre pagan justos por pecadores, nos castigó a toda la clase sin recreo. Nos sentimos muy furiosos... ¡Un día tan especial! ¡El cuarto cumpleaños de nuestra televisión quedaba suspendido! Pero no dimos por perdido ese día tan especial y decidimos celebrarlo al día siguiente.
 
Llegó de nuevo el día esperado. Ese día, sí. Nada nos lo iba a impedir. Era nuestro día, el de los cuatro años. Bajamos al recreo y, como era costumbre, corrimos hacia el primer banco del patio, el cual ocupábamos desde nuestros inicios en 2004. Empezamos a preparar las cosas y a comernos nuestros bocadillos.
 
Llegó el momento de emperzar a dar las noticias. Mi compañera, María Manzano, empezó a darlas como de costumbre y se detuvo en una de las noticias: Hoy cumplimos cuatro años. En ese momento todos empezamos a celebrarlo. Llegó el turno de deportes, presentados por Elena Bricio. Como siempre, hubo polémica con el Barça y el Madrid. Después de los deportes, llegó el turno del tiempo. Salí a dar la previsión meteorológica con un día de retraso, ya que decidimo aprovechar los datos del día anterior. Tras dar la previsión de las islas Canarias, pasamos a publicidad.
 
Seguidamente, llegaba Patio Directo, nuestro programa favorito. En él hicimos entrega de varios premios a compañeros de la cadena y, más tarde, entrevistamos a los profesores. Todos nos atendieron como siempre, menos aquella profesora que siempre era tan antipática con nosotros.
 
Seguimos en el programa dando vueltas al patio, cantando varias canciones hasta que Pedro nos interrumpió con el inconfundible sonido de su silbato con el que indicaba el fin del recreo. Recogimos nuestros bártulos y subimos al aula.
 
Al día siguiente, 17 de octubre de 2008, seguíamos con ganas de fiesta, por lo que decidimos prolongar el cumpleaños un día más. Tras las noticias, decidimos hacer uno de los programas más divertidos, Imitaciones.
 
Imitábamos a personajes famosos. Tocaba el turno de Isabel Pantoja que, interpretada por nuestra compañera Ainhoa, venía a celebrar nuestro cumpleaños. María decidió preguntarle por su marido, Julián Muñoz, y aquélla se levantó del banco enfadada y gritando: "No me vas a grabar más". Había llegado el mejor momento del programa: perseguir a la Pantoja por el patio durante un buen rato, hasta que llegó la hora de Patio Directo.
 
Dentro de este programa, hay varias secciones. Ese día tocaba El Quejómetro. En ella nos quejamos de los desperfectos que había en el colegio. Habíamos visto que uno de los vasos del aire acondicionado del salón de actos estaba colgando, a punto de caerse. Lo grabamos y se los comunicamos a los profesores (fue eficaz la queja, ya que al lunes siguiente estaba arreglado).
 
Llegó el final de Patio Directo. Era el momento de Territorio Champions, un programa donde comentábamos el partido de fútbol de nuestros compañeros de clase. No nos dio tiempo a mucho más, pues pocos minutos después terminaba el recreo, quedando el resultado del partido en 3-4.
 
Nos resistíamos a terminar esa semana tan especial y, a la vez, tan corta. Para no acabar tan rápido, decidimos subir hasta la clase en directo. Una idea que creo que fue mala, ya que, con la avalancha de gente, no nos podíamos ni mover. Llegamos a la puerta de clase y, en ese momento, terminamos el programa de ese día y, con él, el cuarto cuampleaños de nuestra televisión.
 
Esta es una historia completamente real, extraída de un mini-diario que decidió escribir cuando estaba en sexto, aunque sólo llegué a escribir dos semanas. Lo dejé. Algo de lo que ahora me arrepiento.


Jorge Martínez López
3º ESO
 

sábado, 16 de junio de 2012

UN PALACIO EN LLAMAS


El arte ardía junto a la cultura. Las historias crepitaban, ya fueran romances o tragedias. Se desvanecían los recuerdos y el amor a lo imposible, a lo inalcanzable, a algo tan transparente y a la vez tan visible.

La biblioteca en llamas; el hogar de todo soñador sin fuerza ni valor para sostener una espada, pero toda una mente y, sobre todo, todo un corazón para sostener un libro.

Me resguardé de aquella bocanada tras la estantería de poemas, en el segundo piso de aquel prodigioso edificio. Contemplé con temor y, a la vez, con melancolía, cómo se esfumaba todo el talento que había ocupado mi vida, toda inspiración , todo compañero de noches frías y solitarias. Adiós a Sakespeare y a su sueño soñado Una noche de verano; adiós a Stepheh King y a su Cúpula.

El fuego no cesaba de acuchillar cada una de las páginas de aquellas obras como si tan sólo fueran papel y tinta; como si sólo se tratasen de cuerpos sin vida, sin sentimientos, sin finalidad.

La historia de un mundo moría ante mis ojos y yo tan sólo disponía de mi amor a la literatura, a cada defensor de sus ideas, a cada intrépido caballero y a cada valerosa dama que luchaba por mantener vivo algo tan insustituible como es el arte.

Acaricié por última vez el libro que oprimía entre mis brazos; lo acaricié con pasión pero con delicadeza, entregando mi existencia a todas sus páginas. Era un libro de poemas, mi favorito, de escritora anónima, pero francesa. Algo siempre me dijo que su escritora era una parisina poco usual, dolida, de esas que, mientras caminan, el viento agita su melena dorada; de las que encuentran la inspiración tomando un té bajo la Torre Eiffel, solitaria, de esas que observan a las parejas de enamorados y no se dan por vencidas.

Una lágrima de impotencia resbaló por mi mejilla, llevándose a su paso mi rímel negro, ahogando mis pestañas en gritos y en llanto, en mil y una pesadillas.

Mi corazón se desvaneció con el humo; mi vida exhaló un suspiro de valentía, y mi amor a lo imposible, a lo inalcanzable, perduró para siempre sobre el suelo de aquel palacio de novelistas frustrados, olvidados por una inconsciente sociedad.

Beatrice González
3º ESO

miércoles, 13 de junio de 2012

SIEMPRE VAN A ESTAR CONMIGO


Muchas veces piensas que las personas que verdaderamente te quieren y que estarán siempre contigo van a ser tus amigos. Eso no es del todo cierto, porque hay muchos tipos de personas. De quienes realmente puedes confiar, quienes van a querer siempre lo mejor para ti, son tus padres, lo veas o no lo veas así.

Aquellos en los que ahora mismo no confiamos mucho porque tememos que nos regañen o cualquier cosa así. Todo lo hacen por nuestro bien. Quieren que en nuestra vida todo vaya perfecto. Ellos son los que notan si algo te incomoda o si estás preocupada por algo; los que intentan que seamos felices día a día; los que se preocupan por nuestro futuro, nuestros verdadero amigos, aunque pensemos que los amigos los elige uno mismo y a los padres no.

Ellos llevan razón. Hay amistades que no te convienen porque no te van a llevar a nada bueno. Es mejor hacerles caso. Siempre están dándote charlas o regañándote para que desarrolles algo. A veces pensamos que no nos entienden, que nosotros también queremos ser felices. Pero hay que entender que en la vida hay tiempo para todo. Que no hemos vivido ni una parte de ella y ya queremos empezar otra.

Los padres son las personas que nunca te van a decir que no cuando necesites algo, cuando haya algún problema con algo. Ahí estarán ellos intentado sacarte de ahí como sea, intentando sacarte una sonrisa y queriendo hacerte olvidar todo lo que te preocupa y por lo que sufres.

Ahora fíjate: gente sin familia. Ellos darían todo por tener a una madre o a un padre que los cuidara y que en algún momento les hubieran dicho 'no hagas esto o lo otro', para no verse en un mundo del que ya no pueden salir; que no sonríen por ellos mismos; a los que el fracaso les inunda; que, anden lo que anden, ya no tienen nada que resolver. Personas que pueden haber valido mucho y que han llegado a eso porque nadie se ha responsabilizado de ellas, y ellas no han sabido decir que no a nada. Viven como pueden y tan enganchadas a la droga que prefieren eso antes que un trozo de pan.

Anónimo
3º ESO

martes, 5 de junio de 2012


CONFUSIÓN


Comienzo de mi vida... Con 16 años y no sé qué hacer... Estoy confusa.

No sé qué será de mí en una vida próspera, en el futuro. Siento las ganas de poder irme, escaparme, ser libre de estos pensamientos que, la mayoría de las veces, me atormentan.

Me siento agobiada por estas situaciones en las que veo que no puedo hacer nada, y me cabrea.

Sé que valgo, pero hay algo que me lo impide y, por más que busco e intento encontrar qué es, no lo consigo.

No sé si es debido a mis amistades; si es debido a mí... ¡No lo sé! El caso es que no lo consigo averiguar.

Personas que me dicen: "Tú puedes". Personas que me dicen: "Tú vales". Personas que ya han perdido la confianza en mí y me dan por perdida.

Mi problema es que no sé todavía qué es lo que hago mal y qué es lo que hago bien. No sé qué voy a hacer ni lo que estoy haciendo; pero sé que tanta confusión no es buena, que necesito aclarar esos pequeños nubarrones que se están formando en mi cabeza y no me puedo deshacer de ellos por más que quiero... O puede que no lo haya pensado a fondo... O puede que sea yo la que falla en todo...

¿El motivo? Se desconoce...


María Belinchón Fernández
3º ESO 

domingo, 11 de marzo de 2012



¡SIGUES VIVA EN MÍ!


     Siempre han dicho que las mejores personas se van las primeras; y yo con certeza lo puedo afirmar.
     Hace ya casi cuatro años que nos dejaste. Todavía no entiendo el porqué llego ya tu hora. Pero bueno, todo en esta vida ha de suceder.
     No me atrevo a hablar de esto con nadie, pues fuerzas no tengo. No soy capaz de nombrar tu nombre en público, pues vergüenza me da que me vean llorar...
     Nunca te conocí en un estado bueno de salud, pero te conocí; no es poco. Pero aún así, cada día recuerdo tu bonita cara, tus ojos, tus manos, tu cuerpo... Y me doy cuenta de la falta que me hacías, la falta que me haces y la falta que me harás.
     Con el tiempo y la edad, poco a poco vamos apreciando las cosas. A mí, a la edad en la que te perdí, no me dio tiempo a valorar el tiempo que estuviste entre nosotros. En parte me duele. Al tiempo que ha ido creciendo mi pena, ha ido aumentando mi cariño. A lo mejor es tarde, porque demostrártelo ya no puedo, pero marcha atrás no puedo dar.
     En la familia, casi nunca hablamos de ti. No porque no te recordemos, sino porque todos acabamos llorando por igual. El que más te echa en falta es el abuelo, como ya habrás podido comprobar. Él te dio todo lo que pudo y te cuidó como a la mejor, pues te lo merecías. Desde el día - bueno, mejor dicho, noche - en que te fuiste, cada vez que veo al abuelo le doy un  beso, porque cada día puede ser el último que lo pueda ver.
   Eras mi alegría, mi felicidad y, muchas veces, mi tristeza por tu maldita enfermedad. Tú siempre has sido fuerte, valiente y resistente. Hasta el día en el que te empezaste a debilitar.
     Yo nunca he tenido a nadie a quien idolatrar, pues ninguno me destaca. A la persona que más puedo adorar es a ti, por permanecer veinticinco años luchando contra el alzheimer. Una enfermedad que no se puede remediar. Pero me demostraste que se puede luchar si hay ganas y fuerza. Gracias a cada cosa que inconscientemente hacías, me ayudaste en mucho.
     Por mucho tiempo que pase, siempre seguirás viva en mí.
 

Eva del Saz. 3ºA

domingo, 4 de marzo de 2012

COSAS QUE, SINCERAMENTE, NO TIENEN PRECIO

Necesitas sentirte útil por algo. 

Que la gente se dé cuenta de que tienes algo especial; de que puedes llegar a ser algo más de lo que ellos piensan; de que algún día se den cuenta de lo que pudieron llegar a ser y de lo que han perdido...

Que la gente se dé cuenta de que te han humillado muchísimas veces, de que te han tratado como si estuvieras por debajo de ellos, de que tú mismo te has llegado a infravalorar, cuando, en realidad, vales mucho más que cualquier otra persona, simplemente porque tú sabes hacer cosas que otras personas no saben.

Darte cuenta de que vales para algo.  ¡Eso, realmente, no tiene precio.

EVA DEL SAZ
3º A 

viernes, 24 de febrero de 2012

LA LUCHA CONMIGO MISMA

Estaba atardeciendo. Sobre el reloj sonaban las siete. Siete ilusiones, siete pesadillas y siete sueños rotos. Me encontraba sola en casa. Ya era algo habitual. Mamá viajaba mucho y papá siempre andaba perdido en alguna reunión de empresa. El reloj seguía sonando las siete. 

Por la ventana del baño entraba una acogedora luz naranja. Fuera hacía frío y los niños ya abandonaban las calles. Por un momento cerré los ojos; necesitaba tomar aire, que el mundo se parara por unos minutos. Me aparté de la ventana. Ahora estaba frente al espejo.

Algo en mí había cambiado y no sólo me refería a mi joven piel que ahora lucía pálida, con los pómulos tan marcados como siempre había deseado; ni tampoco a mi pelo, cada vez menos suave y más recortado. Algo había cambiado dentro de mí. No era feliz. No veía la realidad tal y como era.

Sonreí sin querer. Siempre, en cualquier momento, él aparecía en mis pensamientos con sus ojos tan simples pero dulces, y su bella y poco habitual sonrisa. Él había sido una de las razones de mi enfermedad; una de las mayores razones de mi locura.

Siempre lo veía por el pasillo del colegio con sus amigos. Sentía que no me veía. A veces, tenía la necesidad de acercarme a él y decirle: "¡Eh, hola! Tú no me conoces, pero llevo enamorada de ti desde que supe de tu existencia y sólo quería hacerte saber que yo también existo y llevo tres días sin comer para que me veas hermosa". Aun sonriendo, mis mejillas se empezaron a inundar. Yo lo llamaba 'la presión por ser perfecta'

Recordé las burlas de días atrás, las risas de compañeras que no se sabía si eran estudiantes o modelos, los 'estás como una vaca, asquerosa'. Era esa clase de bromas de las que todos se ríen a pesar de que a alguien le dejan profundas y dolorosas heridas.

Me escondía tras anchos pantalones. Cierto, el mundo me hacía daño, pero la que más daño se hacía era yo. Me había convertido en prisionera de mi propio reflejo. Golpeé el espejo, bajé a la cocina y abrí el frigorífico. Nada. Estaba perdida otra vez. Entre mis complejos e inseguridades. Y es que de jóvenes nos enseñan a amar, pero no a cómo parar de hacerlo. 
BEATRIZ GONZÁLEZ
3ºA

martes, 14 de febrero de 2012

DARTE CUENTA DE TODO

¿Te has sentido alguna vez tan sumamente rara que te has mirado al espejo y te has notado distinta? ¿Como si fueras otra persona? Yo, sí. Y, en ese momento, piensas el porqué has cambiado tanto. Te das cuenta que no ha merecido la pena hacerlo, que antes eras esa chica maja, simpática, siempre alegre, optimista, positiva... y, ahora, cada dos por tres, estás triste, llorando por cada esquina, te infravaloras, cada día te ves peor, te ves gorda, fea... y piensas: "¿Por qué me he convertido en algo que no quiero ser?

En ese momento te das cuenta de que ha sido por personas que no merecen ni una sola lágrima, ni una cara triste. Esas personas que no se merecen nada, porque en ese momento en el que más ayuda has necesitado, te han dejado sola, se han olvidado de que existías. Por esas cosas te demuestran que no se merecen nada por tu parte...

Es más, es mejor que sonrías (por mucho que te cueste) y con eso les demuestres que ellos para ti son menos de lo que tú significas para ellos. Porque en el momento en que te vean mal (sea o no por su culpa), ellos se crecerán, se creerán más importantes que nadie, cuando en realidad no son nadie.

Sé que siempre me he propuesto muchas cosas y que luego ni siquiera he intentado hacerlas; pero, desde ahora, me he dado cuenta de que no pierdo nada por intentarlo y de que voy a hacer todo lo que me proponga, me salga bien o mal, sin pensar en el qué dirán o en lo que dejarán de decir... Porque nada ni nadie se merece que pierdas la sonrisa ni que cambies, ni mucho menos, que dejes de ser quien eres. Las cosas son como son y muchas no se pueden cambiar.

Y al igual que me he dado cuenta de que he cambiado, también me he dado cuenta de que cada vez que pienso en esa persona, sonrío; de que cada vez que me dicen que ha hablado de mí, me sonrojo; de que veo sus fotos y me pongo celosa, por mucho que, por el momento, no seamos nada. Y todo esto después de sufrir desengaños amorosos y acabar llorando como una estúpida.

Un día decidí que Cupido no llamaría a mi puerta nunca más; pero aquel día, leí una frase: "No te niegues al amor". ¿Cómo puede ser que una frase me llegara a tocar tanto y me abriera tanto los ojos? Pero también tengo miedo a volver a enamorarme y a equivorcarme. Por eso, le rompí todas las flechas a Cupido; todas menos una. Sólo dejé esa flecha para él, la persona perfecta; esa persona que me valora, me respeta, me acepta tal como soy.

Muchas veces estás cabreada, sin ganas de nada, más rara de lo normal y, a la mínima que te hacen, les saltas. Una persona me ha dicho una frase que, sin querer o queriendo, me ha llegado: "Vida sólo hay una y hay que vivirla bien". Desde ese momento mi chip parece que ha dado una vuelta de 180º y me ha hecho comprender que es verdad. Que ante los problemas que se tengan y que son causa para llorar, mires el lado bueno, aunque algunas veces pienses que no lo tiene. Es difícil verlo, lo sé. Pero, tal vez, esa dificultad que tenemos para verlo nos abra los ojos para que veamos realmente lo que tenemos a nuestro alrededor; para que cuando una persona nos diga: "Te quiero", lo valoremos como se merece, ya que puede ser la primera y la última vez que lo haga.

Hoy también, al darle un consejo a un amigo, me he dado cuenta de que los amigos te demuestran lo que son: muchos no merecen la pena; otros son verdaderos, que son los que siempre, pase lo que pase, van a estar ahí cuando tú se lo digas o no, cuando sonrías y cuando llores. Y que otros 'amigos' que te hacen llorar no se merecen estar a tu lado. 

Cada uno tiene que ser quien realmente es y quiere ser, por mucho que te quieran fastidiar. Piensa que no hay mayor desprecio que el no dar aprecio.

EVA DEL SAZ
3º A

lunes, 13 de febrero de 2012

EL ACCIDENTE DE ÁLEX


Un chico de trece años, llamado Álex,  sufrió un accidente el pasado mes de septiembre, exactamente el día 5, a las 18,00 h, en una de las calles que se encuentran en los alrededores del parque María Cristina.

Se encontraba con unos amigos jugando al fútbol cuando, de repente, a uno de los chicos se le escapa el balón y Álex va a cogerlo. Con tan mala suerte que el balón cruza la calle y Álex, despistado, no mira y cruza por un sitio sin paso de peatones. Un coche, que circulaba en ese momento, no pudo frenar a tiempo y lo atropelló.

Álex, al golpear con el capó del coche, se rompió dos costillas, la clavícula y rodilla derechas, y también se hizo un esguince en el tobillo y muñeca.

Todas estas lesiones le ocasionaron que tuviera que estar seis meses de baja sin poder volver a jugar al fútbol en el club de Tarancón, su pueblo. Pero lo peor para Álex fue que el médico le recomendó que dejara de jugar al fútbol, para que su rodilla se recuperara bien y no sufriera roturas, ya que, si así fuera, tendría que operarse de ella.

Álex estaba muy triste porque su sueño era convertirse en una estrella del fútbol y jugar de delantero centro en el Real Madrid con Cristiano Ronaldo y demás jugadores. Sin embargo, el médico, dos días después del accidente, le da una buena noticia: podrá jugar al fútbol, pero con protección.

Álex, pasados los seis meses, se reincorpora al equipo y, en el primer partido que juega, mete un gol.


EDUARDO GARRIDO
3º B

sábado, 11 de febrero de 2012

 
 EL PUENTE HACIA LA FELICIDAD



En una tierra muy lejana, había una ciudad que era muy triste. Sus habitantes eran serios, siempre estaban cansados, no tenían metas en la vida ni esperanzas, y tampoco había amor. En esa ciudad siempre estaba lloviendo, hacía frío y nunca salía el sol.
Al lado de esa ciudad había un río con aguas cristalinas, con abundante caudal y, al otro lado, había otra ciudad donde todo el mundo estaba feliz, tenía unos jardines frondosos con flores de todo tipo, su cielo era azul y tenía cúpulas y rascacielos.

La gente de la ciudad triste tenía curiosidad por saber lo que hacía la gente de la otra ciudad, pero no había ningún medio para cruzar.

Un día, un hombre llamado Max, que iba viajando, descubrió la ciudad triste donde nadie reía. Decidió quedarse allí durante unos cuantos meses para saber lo que ocurría en ella.

Iba caminando, pensando, cuando de repente vio un gran río y que, al otro lado, había otra ciudad. El hombre quería verla pero no había ningún medio para cruzar. Así que, después de pensar, dio con la solución. La gente tenía que ayudar a Max a contruir un puente. Pero el  problema era que esta gente era muy desidiosa.

Fue hablando con los habitantes para ver si lo ayudaban. Les costó banstante decidirse pero, como vieron a Max empeñado, cedieron.

Varios meses después, el puente se terminó de construir y decidieron cruzar. Los habitantes de la ciudad triste descubrieron una ciudad tan alegre y bonita que no querían volver a sus casas.

Max dijo que podría ayudar a la gente de la ciudad triste para construir un lugar mejor donde vivir.

Dos años después, la ciudad triste fue recontruida y fue incluso más bonita que la ciudad de la alegría. Estas dos se unieron y formaron una gran ciudad. Y los habitantes pasaron a ser tan alegres como los que vivían al otro lado del río.

Max se quedó a vivir con ellos y se hizo alcalde por poner tanto empeño en hacer de esa ciudad un lugar donde todo el mundo fuera feliz.
María Manzano
3ºB